La enfermedad de Parkinson es un trastorno neurodegenerativo progresivo que afecta principalmente al sistema motor. Sin embargo, en las últimas décadas, se ha reconocido que los síntomas no motores son igualmente relevantes y pueden tener un impacto significativo en la calidad de vida de los pacientes. Uno de los fenómenos más complejos es la impulsividad, entendida como la tendencia a responder rápidamente ante estímulos sin pensar en las consecuencias. Esta alteración está vinculada con el proceso de toma de decisiones, por lo que podrían verse alteradas; esto puede llevar a comportamientos inadaptados.
Se manifiesta a través del deterioro en el autocontrol conductual, caracterizada por:
- Falta de inhibición ante recompensas inmediatas.
- Dificultad para resistir impulsos, deseos o tentaciones.
- Conductas repetitivas o compulsivas.
Estos trastornos se agrupan como: Trastornos de control de impulsos. Los más comunes son:
- Juego patológico.
- Compras compulsivas.
- Hipersexualidad.
- Punding: Actividad motora repetitiva y sin propósito. Por otro lado, el elemento esencial del tratamiento de los TCI en la enfermedad de Parkinson es el ajuste cuidadoso de la medicación, ya que existe una clara asociación entre el uso de agonistas dopaminérgicos y la aparición de TCI. Estudios multicéntricos han mostrado que hasta un 17% de los pacientes tratados con estos fármacos desarrollan al menos un TCI, en comparación con solo un 6% en aquellos que no los utilizan.
- Disminución progresiva de los agonistas dopaminérgicos.
- Evaluación individual del equilibrio riesgo-beneficio.
- Sustitución por levodopa (en algunos casos).

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